En julio de 2021, el presidente López Obrador anunciaba la creación de una empresa estatal para que compitiera en el mercado del gas LP, el Gas Bienestar. El objetivo era que se ofreciera el gas a un menor precio entre las personas de bajos recursos.
Durante la conferencia matutina del 4 de agosto, el presidente AMLO reconoció que el programa del Gas Bienestar se ha frenado debido a la crisis económica. Sin embargo, considera que es un programa funcional y viable, que ayuda a las personas.

Fuente: Gobierno Federal
A un año, el Gas Bienestar cuenta con un centenar de camionetas distribuidoras, mientras que cuenta con presencia en siete de las 16 alcaldías de la Ciudad de México. Por el momento, no existen planes de extender el programa al interior del país, donde más de 23 personas siguen utilizando leña como combustible principal.
Aunque la empresa se inauguró poco más de un mes tras el anuncio del presidente, los objetivos están lejos de cumplirse. Se ofrecieron mil 680 rutas, y actualmente operan 98; es decir, un avance del 5.83%. Cabe señalar que desde el pasado 17 de enero ya no ha incrementado su distribución.
Originalmente, se planteó que Gas Bienestar vendiera de 4 mil a 10 mil cilindros al día en 2021, y que en 2022, la cifra subiera a 50 mil, este 2022, se reportan las cifras aún en 4 mil 500 cilindros.

Fuente: Gobierno de la CDMX
Sobre los precios, Adrián Calcaneo, director ejecutivo en S&P Global Platts Oil & NGL, declaró al medio Reforma, que es complicado manejar una empresa obligada a vender más barato cuando ya opera un control de precios sobre el gas. Es decir, mientras los distribuidores deben vender por debajo del precio máximo, el gas Bienestar no puede vender en el tope, porque su razón de existir se diluiría.
Con ello, Calcaneo sostiene que el precio que ofrece el Gas Bienestar es complicado de mantener cuando el precio máximo que impuso el gobierno ya está alejado de lo que debería costar el cilindro. Es decir, el control de precios impide que los precios suban a la par de lo que lo hacen en los mercados internacionales (donde el Gas Mont Belviu también subió a la par del petróleo).

Fuente: Gobierno de la CDMX
Actualmente, los usuarios se preguntan cotidianamente cuándo pasará la camioneta, dónde se venderán los cilindros, o que se cobran cargos excesivos. También declaran que ya no están cambiando los cilindros dañados por los del Gas Bienestar. Otros usuarios se quedaron maniatados si no pueden moverse ni cargar objetos pesados, pues los repartidores no llevan a domicilio ni instalan el tanque.
En suma, se trata de un proyecto ambicioso que se cocinó al vapor, sin una planeación previa, pero muchas cuentas alegres. Por lo pronto, es solo un programa clientelar más que opera como marca política del régimen y ha traído pocas ventajas. Encima, no es susceptible de preguntas de transparencia, por lo que su operación sigue oscura a nuestros ojos.

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