Francia, bonos, BCE y la advertencia para México
Estaba leyendo la newsletter de Robin Brooks y me llamó la atención que subiera los bonos en Francia y esta imagen que compartió en su cuenta de X.

Suena la alarma en el Banco Central Europeo porque Francia ha emitido demasiada deuda y los mercados se han puesto nerviosos. Para colocar sus bonos, Francia ha tenido que subir sus tasas de interés, y ese nerviosismo se está contagiando a otros países endeudados, incluido México. La subida de rendimientos no es exclusiva de Francia. Una gráfica de rendimientos de bonos a 10 años a nivel global muestra que, desde enero de 2026, prácticamente todos los países subieron por encima del promedio mundial, pero no en la misma medida: Francia encabeza el alza, seguida de Estados Unidos, Italia, Japón y el Reino Unido, mientras que Alemania, Suecia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y sobre todo Suiza se mantienen por debajo del promedio.
Esto confirma el patrón que describe Brooks: los países con más deuda o más problemas fiscales son castigados con más fuerza por el mercado. Detrás de la subida global hay varias causas que se juntaron: el encarecimiento de la energía que alimenta la inflación, el auge de la inteligencia artificial y los centros de datos que elevó las expectativas de crecimiento, la posibilidad de que los bancos centrales suban tasas, y gobiernos muy endeudados que inundan el mercado con más bonos de los que hay demanda para comprar. El 1 de octubre de 2026, el rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años llegó a 5.34%, su nivel más alto desde 2002, y esa misma presión se trasladó a las acciones: los bancos europeos cayeron hasta 3% ese día. Cuando los bonos pagan más, se vuelven más atractivos frente a las acciones y el dinero migra de la bolsa hacia la deuda.
Francia y su deuda encienden los mercados de bonos.
Los rendimientos de los bonos franceses a largo plazo están en su nivel más alto en más de 20 años, y lo preocupante no es solo el nivel sino la velocidad a la que suben. Cuando un gobierno emite deuda y los inversionistas desconfían de que la pague, exigen más interés para comprarla, igual que un banco cobra más a un cliente con mal historial.
El economista Robin Brooks sostiene que no hay ninguna duda de cómo termina esto:
el Banco Central Europeo intervendrá para contener esos rendimientos, como ya hizo en 2022 cuando compró deuda de Italia y España en secreto y creó una herramienta permanente, el TPI, para normalizar ese tipo de rescates. El argumento de fondo es que, desde que Mario Draghi prometió en 2012 hacer “lo que fuera necesario” para salvar el euro, el mercado sabe que el BCE siempre rescatará a los países con problemas, lo cual le quita a los gobiernos el incentivo para controlar su gasto.
La deuda pública de México ha crecido de forma sostenida durante los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, y hoy supera el 50% del PIB. Según el indicador más amplio que usa Hacienda, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, la deuda cerrará 2026 en 54.7% del PIB. Analistas privados como Banco Base la calculan más alta, cerca de 58%, con riesgo de llegar a 60% antes de 2030.

Sobre la calificación crediticia, la afirmación común de que México está a punto de perder el grado de inversión es parcialmente cierta: el país se encuentra en el último escalón del grado de inversión con Moody’s y Fitch, es decir, un peldaño arriba de ser considerada deuda basura, pero técnicamente todavía no ha perdido esa calificación. Hacienda sostiene que México conserva el grado de inversión otorgado por las ocho agencias calificadoras que evalúan su deuda soberana, y que el nivel actual es manejable y sostenible en el corto plazo. Es decir, México no tiene hoy deuda basura, pero está parado en el borde, sin margen para otro shock fiscal importante.

Cuando los bonos del Tesoro de Estados Unidos pagan más, como ocurrió el 1 de octubre de 2026 con el rendimiento a 10 años en su nivel más alto desde 2002, el capital global tiende a moverse hacia esos bonos considerados más seguros y mejor pagados, saliendo de mercados emergentes como México. Eso puede presionar al peso a la baja y obligar a México a ofrecer tasas más altas en sus propios bonos para seguir siendo atractivo, especialmente estando ya en el último escalón del grado de inversión. Tasas más altas encarecen el crédito tanto para el gobierno como para empresas y consumidores, lo que puede retrasar inversiones y enfriar el crecimiento económico. El mensaje de fondo es que México no está en el centro de esta crisis, pero sí está parado cerca del borde, y cualquier sacudida fuerte en los mercados de deuda globales se siente más rápido en un país con menos margen fiscal.
PEMEX es un ejemplo de como hay deuda del Gobierno mexicano que es basura.