Durante el 2019 la economía mexicana experimentó un periodo de desaceleración que derivó en un estancamiento que arrastramos hasta el día de hoy. Sin embargo, la crisis por el coronavirus y la ‘Guerra de precios’ del petróleo han puesto a México ante un escenario de recesión inminente.
La desaceleración experimentada el año pasado y lo que llevamos de este, no había afectado la popularidad del presidente López Obrador, quien se jactaba del buen desempeño de la economía asociándolo con el buen desempeño de la divisa mexicana en los mercados internacionales.
Recordemos que antes de la contingencia del coronavirus y los precios del petróleo, el peso era una de las monedas emergentes con mejor comportamiento frente al dólar. No obstante, con el nuevo escenario económico global, la depreciación de la moneda a llegado a niveles nunca antes vistos, para darnos una idea: el billete verde se ha llegado a vender hasta en 24 pesos.
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Esta contingencia de depreciación del peso, le ha quitado al gobierno de López Obrador el argumento del tipo de cambio como signo de la estabilidad económica frente al desempeño del PIB, que cerró 2019 en -0.1%. En ese sentido, la popularidad y la gobernabilidad del gobierno federal se encuentran en una encrucijada por la contingencia de salud y económica generada por la emergencia del coronavirus (y de los precios del petróleo), ya que puede ser una coyuntura que, tal como señaló Enrique Quintana en su columna, marque ‘un antes y un después’ en la administración de López Obrador.
Al respecto, Marco Oviedo, economista de Barclays señaló para El Financiero que, “para los mexicanos, el tipo de cambio del peso equivale al éxito del gobierno. Si el peso se devalúa (en este caso, se deprecia), el presidente se devalúa”. A lo que se refiere el economista es que, históricamente en México, la paridad del peso y el dólar es fundamental en la popularidad de los gobiernos, ya que una depreciación fuerte, trae de vuelta en el imaginario popular las fuertes devaluaciones que precedían las crisis económicas de los viejos tiempos, la última, la de diciembre de 1994.
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Es decir, México es un país con un gran trauma monetario, así que el precio del dólar puede costarle al presidente sus altos niveles de popularidad y, si el gobierno no opera de manera eficiente en esta crisis de salud, el costo podría reflejarse en las elecciones intermedias y en la gobernabilidad de la segunda mitad del sexenio.
A todo esto hay que agregar el desplome de los precios del petróleo, en donde la mezcla mexicana de petróleo ha caído en más del 30% en lo que va del mes, está metiendo mucha presión a las finanzas públicas, debido a las deterioradas finanzas de Pemex y al impacto en la renta petrolera. Esta situación pone en riesgo la calificación crediticia de la paraestatal y del país, un escenario en donde el país pierda el grado de inversión, derivaría en una fuerte crisis económica.
Como podemos ver, el gobierno del presidente López Obrador no la tiene nada fácil. Esta crisis económica y de salud global es más que una prueba de fuego para ellos y, la gobernabilidad depende de la eficacia de las medidas que tomen, con todo y que muchas de ellas, como el tipo de cambio y el precio del petróleo, no están en sus manos, sin embargo, para el sentido común de las personas de a pié, eso es irrelevante.